5 de marzo de 2016

El abrazo de la Abuela Luna

Por Evelyn Vega Ballestero

Sin entrar en detalles, ni porqués, todas las mujeres sabemos que estamos conectadas de alguna manera, con la misteriosa y envolvente energía de la Luna.

Cuántas veces nos hemos sorprendido mirándola, hablándole, y compartiendo con ella nuestros secretos de amor.  Porque ella, sin querer y sin saberlo, mueve nuestras aguas, y con ello nuestros más profundos sentimientos.  Otras veces, cuando nos traicionan las hormonas,  lo primero que decimos para excusarnos:  “¡Debe de ser la luna!”   Se han preguntando alguna vez, por qué será, que por más profunda que sea la noche, si hay luna, nos sentimos más tranquilas y hasta acompañanadas?


¿Serán nuestras memorias antiguas que nos conectan a ella como viejas amigas? Herencia de nuestras abuelas, bisabuelas y tatarabuelas, que en algún tiempo la honraron y amaron como una hija ama a su madre, o simplemente será, porque sus ciclos son nuestros ciclos.

Decía mi abuela, que cuando había Luna Nueva era tiempo de fertilidad, momento propicio para sembrar.  Esa es nuestra etapa de “Niña Pequeña”,  el tiempo en que nuestros padres deben de plantar  lo que en teoría, deberán de ser buenas semillas, tales como: amor, valores, felicidad.  Pero ya sabemos que no todo lo que se siembra da los frutos deseados; y así, por ahí se van algunas semillas de miedo, acciones, recuerdos dolorosos y otras tantas cosas más.

Ahora seguimos con la Luna Creciente, nuestro “Yo Adolescente”, etapa llena de energía inquieta e inexperta que experimenta para aprender.  Y que en el fondo solo espera el momento de sentirse y hacerse mujer.  Pero es un tiempo delicado en el cual debemos cuidar nuestras semillas con celoso empeño y esfuerzo; ya que de aquí va ha depender mucho nuestro paso seguro a la siguiente etapa Lunar.

Luna Llena, se dice que es el período de recolección de la siembra y representa ni más ni menos que la etapa de la “Mujer Adulta”; en la que, al igual que la luna, ahora somos maduras, fuertes e imponentes, capaces de mover las mareas y arrasar e inundar todo con tan sólo nuestra presencia.   También es tiempo de compartir con los demás e iluminar con nuestra luz y magia a quienes nos rodean.

Y por último, la Luna Menguante o Luna Oscura, etapa de la “Anciana”.  Cuando la mujer ya no necesita ser vista para que todos sepan que está allí.  Es la mujer que guarda los misterios de la vida y la sabiduría, tiempo de reflexión y descanso.


Así que, yo no sé ustedes que sentirán o pensarán, pero hoy más que nunca me reconozco toda una Mujer Lunar, y descanso y me dejo abrazar en la luz y el misterio de mi Abuela…La luna.


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