Por Evelyn Vega Ballestero
Sin entrar en detalles, ni porqués, todas las mujeres sabemos que estamos conectadas de alguna manera, con la misteriosa y envolvente energía de la Luna.
Cuántas veces nos hemos sorprendido
mirándola, hablándole, y compartiendo con ella nuestros secretos de amor. Porque ella, sin querer y sin saberlo, mueve
nuestras aguas, y con ello nuestros más profundos sentimientos. Otras veces, cuando nos traicionan las
hormonas, lo primero que decimos para
excusarnos: “¡Debe de ser la luna!” Se han
preguntando alguna vez, por qué será, que por más profunda que sea la noche, si
hay luna, nos sentimos más tranquilas y hasta acompañanadas?
¿Serán nuestras memorias antiguas
que nos conectan a ella como viejas amigas? Herencia de nuestras abuelas,
bisabuelas y tatarabuelas, que en algún tiempo la honraron y amaron como una
hija ama a su madre, o simplemente será, porque sus ciclos son nuestros
ciclos.
Decía mi abuela, que cuando había
Luna Nueva era tiempo de fertilidad, momento propicio para sembrar. Esa es nuestra etapa de “Niña Pequeña”, el tiempo en que nuestros padres deben de
plantar lo que en teoría, deberán de ser
buenas semillas, tales como: amor, valores, felicidad. Pero ya sabemos que no todo lo que se siembra
da los frutos deseados; y así, por ahí se van algunas semillas de miedo, acciones,
recuerdos dolorosos y otras tantas cosas más.
Ahora seguimos con la Luna
Creciente, nuestro “Yo Adolescente”, etapa
llena de energía inquieta e inexperta que experimenta para aprender. Y que en el fondo solo espera el momento de
sentirse y hacerse mujer. Pero es un
tiempo delicado en el cual debemos cuidar nuestras semillas con celoso empeño
y esfuerzo; ya que de aquí va ha depender mucho nuestro paso seguro a la
siguiente etapa Lunar.
Luna Llena, se dice que es el
período de recolección de la siembra y representa ni más ni menos que la
etapa de la “Mujer Adulta”; en la que, al igual que la luna, ahora somos maduras,
fuertes e imponentes, capaces de mover las mareas y arrasar e inundar todo con
tan sólo nuestra presencia. También es
tiempo de compartir con los demás e iluminar con nuestra luz y magia a quienes
nos rodean.
Y por último, la Luna Menguante o
Luna Oscura, etapa de la “Anciana”.
Cuando la mujer ya no necesita ser vista para que todos sepan que está
allí. Es la mujer que guarda los
misterios de la vida y la sabiduría, tiempo de reflexión y descanso.
Así que, yo no sé ustedes que
sentirán o pensarán, pero hoy más que nunca me reconozco toda una Mujer Lunar,
y descanso y me dejo abrazar en la luz y el misterio de mi Abuela…La luna.
Acceder a Calendario Lunar marzo 2016: Calendario Lunar
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