7 de marzo de 2016

"Paloma negra, paloma negra, ¿dónde andarás?"


A más de dos años de la partida de la “Chamana” Chavela Varga

Por J.P Salazar 

Hace ya más de dos años que otra grande se va de este mundo, más de dos años que se apaga una de las voces femeninas más emblemáticas de la música latina. ¿Y por qué hacer otra reseña de la partida de la “Chamana”? Quizás porque la Vargas fue el ejemplo de una sociedad prejuiciosa e intolerante y este 8 de marzo, vale la pena poner en “papel” estos ejemplos.

Isabel Vargas Lizano, nació el día 17 de uno de los meses más escritos y cantados, abril. Ese día del año de 1919 nacería una mujer con una garganta de acero y corazón ajeno a su tierra. Conocida mundialmente con el nombre de Chavela Vargas, dejaría la tierra de un país pequeñito centroamericano para hacer sus sueños realidad. Su viaje la llevó casi al extremo del norte del continente, México sería su parada pero no la última.

Desde muy joven la joven Isabel Vargas, tendría que lidiar con los embates de una vida de aforismos crueles: Poliomielitis, el abandono de sus padres, pobreza. Pero esto sólo le daría más empeño para querer una vida diferente, con ese sueño en su mente, aún siendo muy joven llega a México, un país que desde antes de poner un pie, la Chamana ya anhelaba conocer.


Dice el dicho popular que nadie es profeta en su propia tierra, por eso la vida quiso que Chavela partiera a otras tierras y hacia el norte apuntó su brújula, donde fue pateando puertas a punta de garganta y coraje. Y de la mano de uno de los inmortales, el maestro José Alfredo Jiménez, la joven cantante empieza su carrera profesional. Con un estilo único de interpretación y una sencillez en los sonidos (en sus presentaciones generalmente utilizaba uno o dos guitarritas) Pero con un estilo impar de cantar aquellas canciones escritas e interpretadas solo por hombres, la Chamana empezó a calar duro en la psique y corazones de los mexicanos.

Por allá de los cincuentas y cuando Europa apenas empezaba el lento proceso de curar sus heridas de la gran guerra, Acapulco en México se convirtió en uno de los puntos referentes del turismo en América. Por aquella época frecuentaban este sitio turístico: cantantes, escritores, políticos de todas partes del mundo, estrellas de Holywood, entre otras tantas celebridades. No era raro encontrar personajes como Frank Sinatra, Elizabeth Taylor, Brigitte Bardot, Rock Hudson, Judy Garland, Howard Hughes… Todo esto también coincidió con la época de oro del cine mexicano. En la sala Champagne Room (restaurante La Perla) Chavela se presentaba regularmente, ahí conoció a muchas celebridades de las cuales en muchos casos entablaría grandes amistades.

“(…) Como una vieja loca que ama su tierra, que ama México, que ama lo hermoso, que ama la verdad. ¿Que soy un ser medio raro? Sí. Creo que estoy bastante loca, pero hay locos lindos y locos desgraciados, y yo soy de los bonitos.” 

 Con una actitud retadora, transformó las canciones de mariachi en su manera de contar su vida, su voz interna. En cada canción, en cada palabra que salía de su poderosa voz, ella sentía en cada poro de su cuerpo cada melodía entonada y esa misma emoción era la que sin esfuerzo lograba transmitir al público. Como ella misma muchas veces lo afirmó, en el momento en que extendía los brazos y su lengua se desataba, ella tomaba aquellas canciones y las hacía suyas. Ya no eran las canciones de José Alfredo, Tomás Méndez, Cuco Sánchez o Álvaro Carrillo, era la vida de Chavela en canciones.

Dejó de ser sólo una mujer extraña que se vestía, fumaba y bebía como hombre, a ser reconocida internacionalmente más allá de su vida personal y apariencia, aunque es imposible no hacer mención de su vida de tan enmarañadas y complejas historias, como su estrecha relación con Diego Ribera y Frida Kahlo, sus amistades de lujo, su fama de bebedora empedernida.

“Se escapó de una cárcel de amor,
De un delirio de alcohol,
De mil noches en vela…”
Joaquín Sabina – “Por el bulevar de los sueños rotos”


Los años 70s no le sentaron muy bien a Chavela. Su grave problema con el alcohol empezó a hacer estragos en su vida. Pérdida de contratos y una fuerte depresión hicieron que quedara en la quiebra. Los años setentas consumieron a La Vargas y se fue asilando poco a poco hasta que casi desaparece de la memoria colectiva. Le tomó casi quince años volver a un escenario, pero con un temple como sólo ella lo tenía.

Los noventa por fin pintaron un mejor mañana para la cantante y curiosamente este resurgir no fue en su México querido, sino al otro lado del charco, en España, donde su carrera le daría un segundo round. De cantante marginal y acabada, resurge de sus propias cenizas al punto de incluso interpretar papeles como actriz: “Grito de Piedra”, “Frida”. Interpretaciones musicales incluidas en películas de directores reconocidos: “Tacones lejanos” de Almodobar, “Babel” de Alejandro González Iñárritu. Más sus exitosas apariciones como en la Sala Caracol de Madrid. El nuevo siglo también trajo grandes momentos para Chavela, pero como dice la canción: “Todo tiene su final, nada dura para siempre” y un 5 de agosto del año 2012, la vida decide dejar a Latinoamérica si una nota musical en su escala, una de las más graves e irreverentes que ha tenido.



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